INFORMACIÓN SOBRE EL AUTOR
Luis Grossman
El arquitecto Luis J. Grossman fue durante más de veinte años profesor titular de Diseño Arquitectónico en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires. Es socio fundador del Comité del International des Critiques d’Architecture (CICA) con sede en París. Es coautor de varios libros y publica regularmente artículos en revistas especializadas del país y del exterior. En su estudio (que hasta 1997 fue Luis & Julio Grossman, arqs.) realizó proyectos y obras para grandes firmas internacionales, ganando varios primeros premios en concursos abiertos y por invitación.
Es desde hace 25 años asesor y columnista del Suplemento Arquitectura del diario La Nación de Buenos Aires

Isidoro Blaisten escribe sobre este libro:
Es este un libro singular y encantador: a través de ciudades y países, de personas y pasiones, descubre el alma callada de la arquitectura. Pero no es un libro sólo para arquitectos. El lector que busque “el placer del texto” no se sentirá defraudado.
Con humildad de gran maestro, Luis Grossman evita todo tecnicismo, toda jerga. Sabe que el lector es “ese aliado olvidado” y despliega con prosa justa y amenidad permanente el mundo fascinante de la arquitectura y la relación de amor del habitante con su ciudad.
Creo que la arquitectura nos marca silenciosamente nuestro lugar en el mundo .
Creo que la casa que habitamos es en esencia la casa de la humanidad, porque un hombre es, en esencia todos los hombres, y esa casa ha reemplazado a la guarida animal por la casa del hombre.
Esto es lo que siento después de disfrutar la lectura de Arquitextos.
Los Arquitextos – tal la feliz denominación que ha creado el arquitecto Grossman para su columna semanal en el suplemento de Arquitectura del diario La Nación – sobrepasan siempre lo circunstancial , lo meramente informativo. Esta es una selección de esas notas, una especie de antología personal que el autor ha dividido en tres partes: Ciudad, Arquitectura y diseño, y Personajes.
Este libro de serena eficacia nos enseña además que somos capaces de generar una belleza eterna y habitarla, ya que nada somos, nada seremos